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Archive for the ‘artículos’ Category

Un poema temprano de Rainer María Rilke para empezar el año. Feliz 2013 !!!

No puedes esperar hasta que Dios llegue a ti
y te diga: yo soy
Un Dios que declara su poder
carece de sentido.
Tienes que saber que Dios sopla a través de ti
desde el comienzo,
y si tu pecho arde y nada denota,
entones está Dios obrando en ti.

Sin fecha (1898-1899).

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La reseña

 
 
 La reseña es un tipo de texto que se utiliza para compartir con  otros una apreciación personal sobre un libro .
¿Y tú qué opinas de este o aquel libro? ¿Por qué no compartes tu reseña con toda la gente? Conoce las pautas para la revisión de reseñas, son muy importantes para que se pueda  publicar tu comentario: ¿Qué se debe incluir en una reseña?

 Tu reseña se debe centrar en el contexto y/o el contenido del libro en cuestión. No sólo se trata de decir qué te agrada o te disgusta, sino por qué. Puedes hacer comparaciones con otros libros relacionados y calificar entre ellos. Por ejemplo: con los libros de un mismo autor, cuál destaca o cómo los ubicarías en una escala, incluso puedes enlistarlos.

 ¿Qué no se debe incluir en una reseña?

 Es un placer disponer este espacio de opinión sobre los libros. Apreciamos el tiempo y los comentarios que hagas y te pedimos respetuosamente que te apegues a las pautas que se enlistan a continuación:

  -No develar momentos clave de las historias o el final de las mismas, no hacer comentarios centrados en el autor, no utilizar lenguaje coloquial, impropio o degradante. Evita los comentarios sencillos, queremos que nos platiques por qué te gustó o no te desagradó el libro, sé creativo y descriptivo.

 

 Observa  el siguiente ejemplo de reseña.

 Blankets

 Craig Thompson

 Top Shelf Productions, 2007

  “Cuando éramos niños, mi hermano Phil y yo dormíamos en la misma cama”. De esta manera empieza la  novela gráfica del escritor estadounidense Craig Thompson, Blankets, publicada originalmente en 2003 y ya en su octava reimpresión. Blankets (Cobijas), realizada con un trazo sencillo (582 páginas de un glorioso blanco y negro) y con una sobriedad en el diseño que se agradece, se lee casi como una historieta para niños, por sus dibujos sin demasiadas pretensiones, pero la trama en seguida nos coloca en otro nivel. Craig y Phil son niños sumergidos en un hogar semirrural (gobernados por dos padres autoritarios chapados a la antigua); que en los largos inviernos pasan las noches haciendo lo que hacen los hermanos, imaginando que su cama es una lancha en altamar, luchando contra al tormenta, haciendo de sus muñecos de peluche enemigos formidables, retándose y arrojándose almohadas. Así acontece hasta que su padre se levanta una noche para encerrar a uno de ellos en el cuarto olvidado de la casa, donde reinan el polvo y las arañas, y donde sólo hay una vieja cama. Los terrores nocturnos de los hermanos se multiplican.

                La novela es extraordinariamente acertada en transmitirnos de forma delicada las brutales ansiedades de un niño: las pequeñas crueldades que los padres cometen con los hijos, la sensación de impotencia (el grito “No cuestiones la autoridad de tus padres” rasgando la noche), el terror a la escuela y a los grandulones y, especialmente, la traumática experiencia de una educación religiosa que bordea en el fanatismo. “Cada pensamiento impuro [se le dice a Craig en la escuela dominical] es una espina más que le clavas a Nuestro Señor”. Pareciera, sin embargo, que más que ser Craig y Phil los responsables de infligir un sufrimiento, son ellos los que reciben en su débil carne las espinas de los demás. La infancia es en Blankets un territorio minado, lleno de torturas emocionales por parte de figuras de autoridad, explosiones de sentimientos de culpa impuestos ante las expresiones artísticas de Craig, y sugerencias de abuso sexual hacia Phil por parte de un muchacho más grande, cuyo rostro, excepto por su boca casi monstruosa, nunca vemos.

                 Los veranos siguen a los inviernos, y los niños se convierten en adolescentes. Craig, metamorfoseado en un chico raro -¿qué adolescente no siente que lo es? -, se convierte en un aspirante a pintor y dibujante compulsivo que un día experimenta la alegría de encontrar al primer ser humano del sexo opuesto y que es tan rara como él.

                 Raina es tan adorable como imponentes los sentimientos que Craig carga en lo profundo de su alma de niño apenas superado, torturado por las lágrimas que derrama  en su imaginación Jesucristo en aquella pintura de la sala, cada vez que el adolescente se imagina a su novia sin ropa. La recién descubierta comunión con la naturaleza  acompaña la entrada a la juventud, el despertar de los sentidos –la nieve cayendo sobre la cara, la sensación del pasto bajo los pies desnudos – y el cuerpo de la rubia, pálida y espigada Raina. De ahí que las frazadas, las cobijas que visten la cama, pueden simbolizar tanto la niñez como las primeras e irrepetibles experiencias sexuales, cuando todos los sentidos están vírgenes. Explora con maestría poco usual para el género de la historieta, la confusión, el dolor y el desencanto que significa el paso a la madurez, el incorruptible brillo del primer amor, e, inevitablemente, la primera vuelta a la realidad, cuando realmente se despide al niño que todos somos, para ingresar al misterioso mundo de los adultos.

                 Para Craig es tiempo de poner en su sitio las obsesiones con la novia, con Dios. También es ocasión para preguntarle a su hermano Phil –igual que él en la puerta de la edad adulta- si realmente encontraron aquella fantástica caverna en el campo, cuando eran niños o sus recuerdos han embellecido la memoria. Tiempo de ver a sus padres como personas, ni mejores ni peores que los demás, luchando por salir adelante con una familia, y sobre todo, de observar, siempre reflexivo, los agujeros que dejan los pasos sobre la nieve y darse cuenta de que, además de ir solo, es él quien tiene dominio sobre el rumbo de las huellas en el blanco manto.

                 La revista Time declaró  a esta novela gráfica “una rareza: una historia sobre el primer amor  tan honesta y fielmente rememorada que nos recuerda lo que se siente estar enamorado…dolorosamente hermosa”. Blankets  ganó dos premios Harvey en 2004 y dos premios Eisner por mejor novela gráfica y mejor escritor. Blankets, altamente recomendable.

Gustavo Vázquez Lozano.

ACTIVIDADES:

 -Identifica los datos pertinentes al inicio de la reseña: título, nombre del autor, editorial

  -Observa cómo al reseñar se combina la descripción de la trama y los personajes con otros datos: observaciones  sobre el diseño editorial, datos de cuantas ediciones ha tenido el libro, si ha tenido premios, etc.

 -También observa cómo el reseñador va intercalando sus cometarios a lo largo de la reseña y no los deja todos para el final.

  
  
 
 

  

  

  

 

 

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¿QUIÉN FUE ANTONIETA RIVAS MERCADO?
ARTÍCULO DE DIVULGACIÓN CULTURAL
“Memoria de Antonieta Rivas Mercado” por Fabienne Bradu
n la segunda mitad de 2008 el Museo del Palacio de Bellas Artes acoge a dos renegados: José Luis Cuevas y Antonieta Rivas Mercado. Aunque renegados por razones muy distintas, que los vuelven inequiparables, se antoja que los acota un mismo espíritu transgresor, desafiante y levemente narcisista. Ignoro si José Luis Cuevas percibió su ingreso al Palacio de Bellas Artes como una reparación, pero no cabe duda de que esta voluntad animó a los curadores, Luis Rius y Sandra Benito, de la exposición dedicada a la vida y obras de Antonieta Rivas Mercado.
Desde antes del estreno de la muestra, la presencia de Antonieta Rivas Mercado en tres salas del Palacio había causado cierto escozor entre la crítica especializada. ¿Qué venía a hacer esta dama en la máxima galera de mármol y murales? ¿Cuáles eran sus méritos para merecer semejante consagración? ¿Figuraba en Bellas Artes por mecenas, por mártir o por mercancía potencial, a semejanza de Frida Kahlo y Tina Modotti? Es evidente que los curadores se empeñaron en enfatizar las partes más luminosas y públicas de la vida de Antonieta Rivas Mercado, es decir, su participación en la modernización de la cultura mexicana durante los años veinte, en detrimento de otras facetas más sombrías del personaje, como sus desencantos amorosos y su suicidio en la catedral de Notre-Dame de París, en febrero de 1931. Hasta diría que el conjunto de la exhibición exhala una armonía o una templanza que no fueron las temperaturas dominantes de su vida. Es más, si bien se señala su suicidio en el video dedicado a una concisa biografía, no hay más alusión al desenlace fatal, salvo, quizá, a través de un cuadro de Francis Picabia, Notre-Dame, la mañana, de 1906, que evoca la última piedra que pisó Antonieta más de dos décadas después. Hasta ahora, Antonieta Rivas Mercado se había alojado en el imaginario mexicano a través de las palabras, con su correspondencia, su diario, sus relatos y los libros que había inspirado a otros autores. De pronto, esta exposición la vuelve visible, pública, masiva y manifiestamente paladina, y la saca así de los laberintos sentimentales en los que las palabras la tenían confinada, obligándola a deambular una y otra vez los pasos de su íntimo descalabro. Así, aparece otra Antonieta, como más dinámica y airosa: la hacedora, la empeñosa, la desafiante, la protagonista de su tiempo, aunque este durara unos escasos años.
La exposición ofrece fotografías inéditas que diversifican el rostro inmortalizado por Tina Modotti, prácticamente el único que se conocía de ella. Incluso un retrato al óleo de Francisco Romano Guillemín (1883-1950) la recuerda cerca de 1917, con un sombrero de ala ancha y una boca carnosa y pintada. Pero me temo que no se trata de Antonieta Rivas Mercado; nadie que la conozca un poco por dentro identificaría a la dama del óleo con la más flapper de las mexicanas. Llama la atención que los documentos gráficos del Teatro de Ulises sean reproducciones de periódicos de la época, lo cual recalca, una vez más, la penuria de los archivos culturales de México. Las salas “Itinerancias” e “Imaginarios” reúnen a pintores nacionales y extranjeros que compartieron los años y los arrestos vanguardistas de Antonieta Rivas Mercado. No pasa desapercibida la ironía del azar objetivo que puso a la entrada de la segunda sala la Crucifixión, de Manuel Rodríguez Lozano, obra permanente del Museo, como una vicaria calificación de su calvario sentimental. Y una vez más, como si la posteridad refrendara los empeños de una vida, Antonieta trae en su séquito una amplia selección de cuadros de Rodríguez Lozano, a la par de los otros artistas que ella pugnó por dar a conocer en Nueva York como Abraham Ángel, Julio Castellanos o el Corsito. También están presentes los pintores compañeros de navegación del Teatro de Ulises como Roberto Montenegro y Agustín Lazo. Entre los artistas extranjeros destacan, a mi juicio, dos paisajes de verdes azulados de Maurice de Vlaminck y una mujer tendida de Raoul Dufy, así como, sin duda alguna, un invariablemente hermoso Édouard Vuillard de 1923, Le Bridge. No estoy muy segura de que estos fuesen los preferidos de Antonieta Rivas Mercado, pero constituyen un honesto vislumbre de la pintura de la época. Es notable que casi todos los cuadros de pintores extranjeros provengan de colecciones particulares de México, presencias insospechadas e invaluables. En cada sala se proyecta un video distinto, realizado por César Parra, que ofrece testimonios y entrevistas sobre el personaje y sus empresas. El sonido tiene que rivalizar con una mala acústica de las salas y un providencial pero zumbador aire acondicionado. Es una lástima que no se pueda oír claramente ciertos comentarios. Otros es mejor que se los lleve el aire acondicionado.
Entonces, descartado el martirio, queda la justificación del mecenazgo. Es verdad que Antonieta invirtió su tiempo, su talento y su dinero en varias empresas que sellaron el despunte de la modernidad en México: el Teatro de Ulises, un puñado de libros firmados por futuros Contemporáneos, la Orquesta Sinfónica de Carlos Chávez, todo eso en dos o tres años si incluimos en la modernización del país la campaña presidencial de José Vasconcelos, en 1929. Unos juzgarán que es mucho, otros que es poco e insuficiente para merecer un rescate de esta envergadura. Pero se equivocan quienes suman y restan como si el balance de una vida fuera un asunto de contabilidad. Dejemos esta discusión a los cuentachiles de la cultura nacional. La singularidad de Antonieta reside en el paso suplementario que siempre dio para rebasar la sola condición de mecenas generosa y desinteresada. Si había que crear un teatro moderno en México, Antonieta no solamente alquilaba y acondicionaba un local en la calle Mesones, sino que además participaba en la traducción de las obras, en la puesta en escena, en la actuación, en la elaboración del vestuario, en las conferencias de prensa y hasta en la elección del coctel la noche del estreno. Ninguna otra dama de su época, por más mecenas que fuera, se hubiese atrevido a figurar con semejantes desafíos que la sociedad calificaba de desplantes. Los mecenas prefieren el recato de los palcos; Antonieta ansiaba la luz de los escenarios.
Por “mercancía potencial” habría que entender algo más abstracto que el puñado de objetos que se vende en el Palacio con la efigie de Antonieta Rivas Mercado. No me refiero a esta clase de mercancía. Más bien me refiero al enigmático proceso que transforma a un individuo en icono. En calidad de biógrafa de Antonieta Rivas Mercado, he podido comprobar que el mito es más fuerte que la verdad de una vida. A lo largo de los años, he visto cómo poco a poco Antonieta se incrustaba en el imaginario de México a fuerza de admiración, que a ratos hasta roza el fanatismo, y de honda compasión. Despierta una extraña solidaridad femenina como si su suicidio trasuntara las frustraciones y los desencantos de muchas otras mujeres de todos los tiempos. De mito a icono, hay otro paso que escapa del control de los culpables de la rehabilitación de Antonieta en la vida cultural de México. Este paso pertenece al público y nadie lo puede encauzar ni controlar. Sin embargo, la afluencia de visitantes a la exposición indicaría que el paso se está dando. ¿Es deseable? Mientras no haya beatificación del personaje, es bueno que Antonieta Rivas Mercado por fin encuentre un lugar donde arraigar después de una vida tan errabunda. Está bien que Antonieta Rivas Mercado permanezca en la memoria de México, para bien y para mal. ~
.
Letras Libres, septiembre de 2008.
Actividades:
De las palabras que pueden causar alguna dificultad para entender el texto anterior se encuentran las siguientes:

Transgresor
Acotar
Narcisista
Itinerancia
Beatificar
Icono
Mecenas
Mecenazgo
Cuentachiles ç
Flapper
Mito
Vicaria
Trasuntar
Enigmático
Envergadura
A) -Intenta identificar su significado a partir del contexto en el que aparecen dichas palabras

B) -Busca en el diccionario aquellas palabras cuyo significado no pudiste deducir.

c) Busca más información sobre Antonieta Rivas Mercado y sobre los cuadros que menciona el artículo.
d) Señala la estructura del artículo: INTRODUCCIÓN, DESARROLLO, CONCLUSIONES. Escribe un breve resumen de cada parte.

E) Visita una exposición y redacta un artículo sobre la misma.

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