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Archive for the ‘ejercicios de escritura’ Category

AVENTURA EN EL BOSQUE TOOBIMON

HERMES RODRÍGUEZ Ramírez

ACTO I – TOOBIMON

−     No falles Alex.

−     Sí, jefesote.

Alex y su morada compañera, Mochila, necesitaban capturar a los siete toobimones de la organización Kakatsuki, pues esa era la misión que les encomendaron. Para ello utilizarían unas extrañas esferas llamadas Toobibolas.

Después de un largo caminar, llegaron al bosque Toobimon muy emocionados y planificando su aventura. No sabían la razón del jefe, ni tenían idea de como rayos terminaron ahí,  mucho menos, de cómo es que empezaron.

−     ¡Pero que hermosas y tecnológicas son las Toobibolas! – Los ojos de Alex brillaban mientras apreciaba aquella nueva estructura esférica.

−     Deja de distraerte, no creo que sea tan fácil encontrar toobimones – A mochila le gustaba demostrar su inteligencia de vez en cuando.

−     ¡Rasca! ¡Rasca!–Un toobimon pequeño, ratuno y amarillo apareció.

−     ¡Mira es Rascachu! Eso fue muy fácil ¿No crees Mochila?

−     ¡Ahhhh! –Un femenino grito de parte de Alex y Mochila voló espontáneamente al ver gravemente herido a Rascachu.

Sin darse cuenta había aparecido Peine en la escena, ya había clavado un tubo de hierro en la espalda del indefenso Rascachu. Peine es un miembro de la organización Kakatsuki, pues viste la particular capa negra con manchas rojas y bordes blancos. Egocéntrico e impulsivo, le encanta sentir que es un Dios en el mundo Toobimon; su mirada metálica refleja esa extraña maldad.

Alex inmediatamente colocó la cámara de su teléfono celular multiusos apuntando a Peine, presiono algunas zonas de su pantalla touch y leyó la información que se desglosaba en el aparato, explicando las características de éste cual enciclopedia.

–     ¿Eres un caza-toobimons eh? Ni creas que será tan fácil atraparme, yo soy Peine el elegido por las fuerzas del…

–     ¡Mira ahí hay algo que te distraerá tonto!

–     ¿Qué? ¿Dónde? ¿Qué?– Peine dio media vuelta en busca de algo interesante, pero Alex aprovechó la ingenuidad del pequeño rufián para aventar una toobibola a su cabeza.

Apenas se formaba un simpático chipote en la mollera del Kakatsuki, y la Toobibola lanzada ya se había abierto por la mitad y lanzando un rayo de anaranjada luz, que pronto cubrió al toobimon para después encerrarlo en su interior. La toobibola regresó a Alex quien no pudo dejar de sonreír por su logro.

–     ¡Fantástico! ¡Ya tenemos nuestro primer toobimon capturado!

–     Será mejor que nos apuremos, yo ya quiero revisar mi FaceBook

–     ¡Claro que si Mochila! Pero nos faltan chorros-cientos toobimones por atrapar…

–     ¡¿Queeeee rayooooos?!

–      Es broma Mochila –  Alex reía mientras juntos caminaban al horizonte donde el atardecer coloreaba de naranja el inicio de su viaje, el cual habían empezado bien.

ACTO II – LA VERDADERA HISTORIA DE HINARLTE

Rascachú, solitario en el suelo, temblaba. Un tubo de metal en su espalda lo había dejado inmóvil ¡Que frío tenía!

–     Al menos me reuniré con mis padres… rasca, rasca… si es que voy al cielo… rasca, rasca…– resignado cerró sus ojos negros – Rayos, rasca, rasca, no pude decirle a ella lo mucho que la amo… rasca, rasca… tampoco pude rescatar a mi amigo… rasca, rasca… ni convertirme en el líder de mi aldea… rasca, rasca… que triste… fracasé en la vida.

Una ola de recuerdos en la diminuta mente de Rascachú pasaba rápida y aleatoria, el viento suave acariciaba su herida.

–     ¡Descuida Rascachú! – Hinartle, una toobimon azul de larga cabellera, caparazón estilo tortuga y voz de niña llegó a la escena con pose heroica.

–     ¿Quién?… ¿Qué?…

–     ¡Yo te salvaré Rascachú! – El viento de nuevo hacía de las suyas, ondeando el cabello de la pequeña heroína – ¡Porque yo… TE AMO!

Flores adornaban la romantica escena, flores rosas como las mejillas de Hinartle.

–     Pues… rasca, rasca… ¡apúrate que me estoy muriendo!

–     ¡Oh sí, sí, sí claro – Hinartle se acercó para quitar el tubo del cuerpo de Rascachú, pero por más fuerza que ponía no podía. Después de varios intentos fallidos secó el sudor de su frente – ¡Está muy resbaloso!

ACTO III – FaceBook de Mochila

En el Bosque “Toobimon” había criaturas de muchos tipos, verdes y amarillos, divertidos y aburridos, algunos cantaban rock, otros volaban, unos más marcianos, otros más sucios; pero todos eran pequeños como duendes de jardín.

Varios días después de trabajo e intensa búsqueda, Alex y Mochila descansaban bajo un árbol. Era una genial madrugada para revisar el correo o ver videos online para Alex, hace mucho que no abría su laptop.

–     ¡Pero que interesante documental de los 100 toobimones más raros!

–     ¡Ya déjame revisar mi FaceBook!

–     Espera, aún no termino de ver el video, y también debo revisar mi correo y actualizar mi pagina web… además tu no tienes dedos, necesitas de cinco bellas mini-extremidades para usar el teclado como es debido, si tu tuvieras…

–     ¡Ya cállate!

Mochila gracias a su diseño avanzado logra de alguna forma alcanzar la oreja de Alex para darle un estirón como agradecimiento a sus comentarios sarcásticos. Él sintió tanto dolor inesperado, que una lágrima de su ojo salió por sí sola, al mismo tiempo que un curioso moco se asomaba de su enrojecida nariz.

–     Eso te pasa por egoísta…

–     Está bien, te presto mi laptop, pero solo un rato – Ya no le quedaba más remedio.

Las sonrisas de ambos volvían a iluminar su amistad, Mochila tomó la computadora y comenzó a teclear velozmente. Ya tiene mucha experiencia en el chat.

Sin embargo algo extraño estaba empezando a sentirse, una atmósfera de tensión comenzaba a surgir al ritmo de cada tecla de la laptop que era presionada. Algo se acercaba tan rápida y lentamente, tan fuerte y suavemente al mismo tiempo, tan raro así que no dejaba tomar decisiones. Mochila seguía escribiendo. Un toobimon se acercaba, sin duda era uno de la organización Kakatsuki, su capa negra parecía tener vida propia gracias al viento que lo empezaba a rodear, las nubes se hacían más densas. Mochila escribía. Alex no sabía que pasaba y permaneció inmóvil al ser incapaz de reaccionar. El misterioso toobimon, tenía una mascara naranja en forma de espiral con centro en el único orificio, que dejaba ver su rojo ojo derecho; su cabello negro apuntaba el cielo y los dedos de sus manos al frente; caminaba, se acercaba más y más.

Un estruendoso ruido aluminoso se oyó rápidamente, el ojo rojo del toobimon disparó una sensación de ira y la laptop que sostenía mochila explotó. Otro ruido, más grave y duradero, logró que Alex reaccionara y después de que una ola de calor y una nube de apestoso humo se disiparan, logró ver un trozo de tela morada cayendo frágilmente, como la pluma de una blanca paloma que ha sido devorada por el feroz tigre que, astuto, logró subir al nido para destruir todo lo que en él había.

Apoyándose en el árbol Alex se levantó y desvainó su espada láser color azul. Mirando fijamente al toobimon, le dijo:

–     Te estábamos esperando, eres el último toobimon que nos faltaba atrapar… Toobi.

ACTO IV – Toobi

Toobi era el líder de los Kakatsuki, seguramente se dio cuenta de que alguien estaba atrapando a sus compañeros y no dudó en ir a controlar la situación.

                              Alex comenzó a atacar a su enemigo, pero él era muy rápido, sus movimientos no eran perceptibles, esquivaba cada espadazo en su contra de manera fácil y efectiva. Toobi sacó una pequeña arma ninja y logró rasguñar la mejilla izquierda de Alex, quien rápidamente retrocedió para sacar su teléfono celular y disparar iconos y botones digitales a manera de balas. Toobi esquivó el ataque masivo inclinándose hacia atrás, tal y como en las películas. Simultáneamente, lanzó otra navaja ninja en contra de Alex, solo que en esta ocasión, el arma explotó al tocar tierra.

                              Con una impresionante habilidad, Alex representó figuras y símbolos simétricos con sus dos manos al tiempo que las unía y separaba, mencionando una especie de palabras orientales o hechizos que abrirían un portal de poder que venía de algún sitio mágico. Para concluir su fugaz acto, golpeó al suelo con la palma de su mano izquierda, gritando el nombre de aquel ataque “¡Kuchyose; Iron-Maiden!”.Con su derecha lanzó un cuchillo a Toobi quien no tuvo otra opción más que esquivarlo, sin embargo, al retroceder, un campo de atracción muy intenso atrapó al toobimon en el lugar que se encontraba, y de la tierra surgió una especie de tumba típica japonesa con forma de gato blanco, sonriente, de amarillos ojos y con una de sus patas levantadas. Este artefacto encerró rápidamente a Toobi y varias cadenas más sellaron, con un grado extremo de seguridad, aquella trampa que pronto regresaría al interior de la tierra.

                              Respirar profundo y suspirar. El sol salía por completo del valle que se encontraba al fondo, ¡que manera de empezar el día! El sudor de Alex rebotaba en el pasto generando ondas de paz y tristeza, pues no solo era sudor, también eran lágrimas, de las que le salen por sí solas, de esas.

En ese momento Alex recordaba una canción de cuna, le entraron por los pies las ganas de acurrucarse entre las flores silvestres y soñar que todo iba a estar bien. Ahora estaba solo. Milagrosamente había retenido aquel peligro, pero debía pensar en un plan para atraparlo dentro de una toobibola, esa era su misión después de todo. “Usa las toobibolas para atraparlos, no los mates”, palabras literales del jefesote. “Suerte en tu misión. No falles Alex.”

Alex comenzó a cuestionar la posibilidad de abrir la tumba Iron-Maiden de nuevo y luego arrojar la toobibola rápidamente. Las probabilidades de éxito eran bajas, pero quizás no había otra forma.

Sin embargo, antes de que Alex tomara la decisión, la tumba se desenterró solita, luego se fragmentó y rompió en mil pedazos; Toobi logró salir, pero ya no tenía el mismo aspecto: su cabello era amarillo. Al parecer sacó la fuerza escondida, la que guardaba en su estómago, proyectándola hacia el universo; y gritando declaró de nuevo la guerra a su enemigo.

–     Mochila… – Alex recargado en el suelo casi lloraba de nuevo, definitivamente era un chillón, pero algo tenía que hacer, no debía rendirse.

ACTO V – LOS CIENTÍFICOS

En el bosque Toobimon de Cd. Paletota hay un observatorio, desde el cual se pueden ver la luna, las estrellas y los cometas. Ahí trabajan dos científicos experimentados y conocedores, egresados de la Universidad Autónoma de Paletota, una de las más importantes en su nación: Diana y Andy.

–     ¿Qué hay de nuevo profesor?

–     Nada Diana, eh… ¿Qué? – Andy al asomarse a su gran telescopio pudo ver un extraño objeto redondo acercándose a una gran velocidad – No… ¡No puede ser! ¡Es un queso radioactivo que viene del espacio exterior! ¡Se esta acercando a nosotros! ¡Aaaahhhh!! – se desmaya.

–     ¿Qué?

                        Increíble, del verbo “no se puede creer”. Diana no creía lo que había escuchado, más bien pensaba que su compañero se había vuelto loco.

ACTO VI  – LUCHA POR LA VIDA

–     Está muerto… – Hinartle lloraba – está… ¡muerto!

                        Lagrimas, saladas y amargas lagrimas. Sudor, esfuerzo en vano. Hinartle temblaba de miedo, se sentía inútil, su corazón ya no era tan fuerte.

                        Rascachú, casi gris, suspiró silenciosa y lentamente. Después, su cuerpo no recibió más oxígeno, ya no se movía, se había ido al otro mundo. Adiós, Rascachú.

–     ¡No, no, no, no, no! – un toobimon borracho se acercó corriendo, patinando, resbalándose – ¡No!

                        Hinartle espantada tapó su boca para no gritar del susto, no tenía idea de lo que estaba pasando, ni de lo que pasaría después. Mientras, el toobimon ebrio respiraba profundo, preparándose:

–     ¡Fuuuuuaaaaaaaaah! – Levantando sus dedos, apuntando al cielo, gritó tan fuerte que un montón de rayos salían desde su barriga hacia el cielo, regresando luego al cuerpo de Rascachú.

–     ¡Que te pasa viejo loco!

–     Así es como… ¡hip!… se revive a un toobimon… – feliz por su buena obra sonreía a la asustada toobimon azul.

                              El tubo metalico cayó al suelo y Rascachú abrió de nuevo sus ojos. ¡Despertó de un sueño que parecía eterno!

                              Hinartle estaba por dar las gracias, el borracho por cobrar y Rascachú por decir sus nuevas primeras palabras, cuando repentinamente se escuchó un grito de hombre.

–     ¡Cuidadoooo! – Alex se acercaba, pero no corría, volaba literalmente: alguien muy fuerte lo había golpeado.

                              De un momento a otro, Alex pasó tan veloz que se llevó consigo al borrachín. Hinartle se escondió en su caparazón y Rascachú se aferró al suelo.

                              Aquel borracho fue arrastrado por Alex hasta que ambos chocaron finalmente con una enorme roca. Recibiendo todo el impacto, amortiguando el golpe a Alex, aplastándose: así murió aquel pobre toobimon. Vida por vida. ¡Qué cruel destino el del borracho! Qué suerte la de Alex.

–     ¡Jolines que aplasté a un toobimon borracho!

                              Pero la batalla Toobi vs. Alex todavía no terminaba; unos diez cuchillos fueron lanzados hacia Alex, atrapándolo en la roca, ahora no se podía mover. Toobi se preparaba para el lanzamiento de su súper-ataque, mencionaba las palabras mágicas:

–     ¡Chooomeee! – Un pie atrás y otro adelante – ¡Choooomeeee! – Una masa azul de energía maligna en sus manos, lista para ser lanzada – ¡Haaaaaaaaaaaa!

                              Cortando el viento, aquel ataque se dirigía directamente hacia Alex. Pero no logró llegar a su destino original porque algo lo impidió, algo que no estaba ahí hace unos segundos: un espejo enorme se interpuso en el camino del Chome-Chome-Ha y lo desvió hacia el cielo.

                              Ahora esta masa de energía maligna volaba hacia las nubes, cruzó la atmósfera del planeta hasta que fue absorbido por el queso, el queso radioactivo del espacio exterior que amenazaba la vida terrestre. Este agujerado objeto redondo se pintó azul y, asustado, dio la vuelta y se fue. Ya no había peligro, la Tierra pudo suspirar, ¡De la que se salvó! ¡Adiós Queso-Cometa, y no vuelvas!

ACTO VII – CONTROL TELETRANSPORTADOR

Toobi, ya cansado, no podía creer lo sucedido: su ataque fue desviado hacia el espacio por un espejote que ahora el suelo se estaba tragando.

                              Detrás de la nube de polvo causada por el hundimiento del espejo, estaba Hynari, de rodillas y contenta. Ella es una chica hermosa de escarlata cabello, joven y fuerte, de ojos rasgados pero grandes y labios seductores.

–     Buen trabajo Alex. – de su pantalón sacó un control rectangular con un solo botón enorme – Este control te llevará lejos, descansa por favor.

                        Hynari presionó el botón de aquel artefacto, logrando que Alex, y las Toobibolas desaparezcan; fueron trasladados a otro lugar más seguro.

–     ¡Viento cortante! – Toobi ya tenía en sus manos una espada enorme, y velozmente lanzó un ataque contra aquella intrusa.

–     ¡Haah! – Hynari también sacó dos espadas de la nada y se preparó para el nuevo combate.

ACTO VIII – BIPOLARIDAD

Por fin Andy había despertado, y luego de explicarle a Diana lo que vio detrás del telescopio le pidió que mirara al queso con sus propios ojos.

–     No te creo.

–     ¡Vamos, solo debes mirar! – Andy suplicaba, tenía miedo –  ¡Ese queso ya debe estar tocando nuestra atmósfera!

–     Hash, está bien – Diana miró al telescopio, lo movió de dirección, enfocaba los lentes, pero no vio ningún queso radioactivo cerca, de hecho no vio nada fuera de lo normal – ¡No hay nada!

–     ¡Pero si hay un queso enorme a pocos kilómetros de la tierra!

–     ¡No digas nada más o te mato! – Ojos de pistola, lengua de víbora y voz macabra adornaban las palabritas amenazantes de Diana.

–     …pero…

–     ¡Ahhhhhhhh!

                              Diana tomó un libro de por ahí, y apuntó a la cabeza del pobre Andy. Pero él no recibió el golpe, sino Alex, quien acababa de ser tele-transportado hasta ese preciso lugar. ¡Auch! La marca del libro quedó grabada en la frente de Alex, quien quedó inconsciente y desmayó al instante.

–     ¿Estás bien verdad? – Diana, nerviosa,  tomó de los hombros al herido, agitándolo para intentar revivirlo – ¿No te dolió verdad? ¿Sigues vivo verdad?

–     Interesante… – Andy afortunado descubrió algo que nadie había notado hasta ahora: un botón en la suela del tenis de Alex, un botón de encendido/apagado –… es un robot.

ACTO IX – SHADOW

Después de espadazos y puñetazos, Hynari encontró la oportunidad de patear a Toobi justo entre sus dos piernas, en su puto débil.

                              Toobi cayó al suelo boca-arriba, ya estaba muy agotado, apenas se podía mover. Para colmo, un cuarteto de cadenas salió de la tierra atando fuertemente al toobimon de la capa negra. Esas cadenas eran de Shadow, quien apenas llegaba.  Él era el segundo de tres guerreros que irían a ayudar a Alex a completar su misión.

–     Gracias Hynari, será mejor que escapes. – Joven fuerte de cabello gris, poco modesto se preparó para el ataque final contra Toobi, a quien apuntaba con el dedo – ¡Y tu Toobi, quédate quieto!

                              Otro tipo de energía azul comenzaba a invadir el ambiente. Hynari corría, se alejaba para no sentir el terrible impacto que se acercaba. Toobi no se podía mover, estaba encadenado y sin aliento.

-¡SUUUPER! – Shadow estiró sus brazos, luego sus puños crecieron considerablemente – ¡MEGAAAA! – Dos esferas de negra sustancia comenzaron a rodear las manos de Shadow, preparándose para un gran puñetazo que terminaría la batalla, sólo faltaba la tercera palabra para terminar el súper-ataque definitivo… –¡¡PUUUUNCHIIIIIIII!!

 

ACTO X – CAPTURA

–Vaya Toobi, creí que eras más fuerte – Shadow levantó su mano; tenía una toobibola, la cual se abrió por la mitad y lanzó su rayo naranja para cubrir al moribundo Toobi y atraparlo en su esférico interior.

CONTINUARÁ…

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LA CALLE QUE ME VIO CRECER

Graciela Alejandra Gallegos Serna

Hoy desperté un poco asustada. Al abrir mis ojos, una luz encandiló mi mirada, la alborada cubrió mi ventana, me levanté y noté que ya era tarde, pero esa luminosidad me invitaba a descubrir qué había detrás de las pesadas y colorídas cortinas que cubrían el gran ventanal. Esta mañana se apreciaba diferente. Corrí el visillo y quedé pasmada, era sin duda alguna el amanecer más esplendido que mis ojos hubiesen visto antes. El maravilloso cielo pintaba colores rojizos, naranjas y amarillos que al mezclarse, formaban como fuego regado en las inmensas alturas. Me enamoré de ese momento, tomé una fotografía para guardarlo y recordarlo siempre.

 A lo lejos alcanzaba a visualizar la torre del templo que tiene como patrono y nombre a San Pedro Apóstol, que esta atravesando las vías del tren y la avenida Gómez Morín a dos cuadras de mi casa, se escuchan las réplicas de las campanas, las llamadas a la santa misa.

El alba no fue lo único relevante, el clima se tornaba más fresco de lo que en los últimos días se había sentido, había un olor tan fresco y escuché el cacareo de un gallo, seguramente alguno de mis excéntricos vecinos lo tienen como mascota. Esto me produjo risa.

Sin más preámbulo salí de me casa para comenzar mi día.

Mi casa es inevitable de reconocer, está en una esquina, es extensa, de dos pisos, la textura de la fachada es rocosa, con el color propio del cemento, cuenta con un tejado que junto con las ventanas grandes y blancas hace un gran contraste con el resto de las casas de esta calle. En la acera hay un pequeño jardín donde mi papá plantó palmeras, que aún están en su proceso de crecimiento, cada vez más altas, también hay hermosos rosales, que cuando florean el resultado son rosas de un rojo pasión, también hay un limón y arbustos que rodean todo lo anterior. Su ubicación es paralela a la Avenida Héroe de Nacozari y Convención.

Nunca me había quedado a observar con claridad lo ancha que es mi calle y todo lo que se encuentra en ella, en contra esquina logro observar una papelería, frente a mi casa una tienda de abarrotes pintada toda con motivo de Coca-cola, a unas cuantas viviendas hay un taller mecánico y un poco más adelante un soldador. A un costado vive un señor que casi es imposible describirlo porque son pocas las veces que lo he observado con atención pues todo el tiempo trabaja, es taxista. Múltiples negocios se ubican por estos rumbos, en la siguiente esquina venden hamburguesas y es muy fuerte el olor, tal vez por eso no son de mi agrado.

  En todo lo largo de esta calle, Jesús Consuelo, se pueden apreciar distintos árboles que hacen lucirla y embellecerla, son los que le dan vida, los que dan razones para dejar de pensar que vivir en la Colonia Gremial es desagradable o por lo menos en lo visual.

            Me volteó hacia la avenida y ahí esta el cerro esperando ser observado, para mí una joya hidrocálida, pues cada día me regala hermosos y espectaculares atardeceres con sus múltiples colores, adoro la vista desde aquí.

Las casas de variables colores, mis vecinos muy peculiares, se pueden percibir múltiples sonidos durante todo el día, aunque en la mañana prevalece el sonido del trabajo, por la tarde es cuando comienza el alboroto: niños jugando en la calle, señoras a las afueras de sus hogares platicando, la muchedumbre se junta en una esquina, música a alto volumen, familias peleando, es todo un espectáculo. Y por las noches se escucha la fiesta de un salón que esta sobre la avenida que casi siempre termina en pleito.

Sea como sea y después de observar detalladamente, me doy cuenta que he vivido tranquilamente durante más de una década en este lugar.

Pienso que cada calle tiene su historia y cada habitante  la percibe  diferente.

Sonrío y comienzo a caminar hacia mi destino que es estudiar y tal vez en un futuro tenga otra historia que contar cuando sea el momento de mudarme de este lugar que, sin duda alguna, me ha visto crecer. 

 

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Bernabé

BERNABÉ

David Emilio Rodríguez

En picada, como un rudo acantilado sin fin, esa es “La calle”. La primera vena de uno de los fraccionamientos más grandes de Aguascalientes, del cual brotan manchas rojizas, de corazón putrefacto, mi calle es la entrada al mismísimo infierno.
Al subir la loma más alta, de Sur a Norte, conduciendo por Siglo XXI, se pueden vislumbrar decenas de arterias, donde ocurren extraños sucesos, como el caso del pequeño Ballesteros; delgado como Pitt, largo como un pequeño ferrocarril, de tez oscura, pero modesto. Junto a su vecino, Siglo XXI, tienen en común una gasolinera de la compañía Petróleos Mexicanos, que por cierto concurren a ella, desde los más modestos autos hasta los grandes tráileres de carga pesada, mientras que del otro lado de la acera, se ubica un local de materiales para construcción.

  
                Después, un poco hacia abajo, se observan dos terrenos abandonados en ambos lados de la calle y a unos cuantos pasos hacen un cruce con un gran vecino, el Sr, Juan López Elizalde, que por cierto, es un pequeño atajo, aunque procedente de un lugar de la misma calaña que la Sra. Asunción. En la segunda cuadra del joven Ballesteros, ya se pueden observar casas en un lado de su calle, de la acera donde se encuentra la central de gasolina, hay una pared gigante que sostiene una gran cantidad de tierra y escombro, que quizás con el tiempo ya se fundieron, permitiendo que se construyan casas sobre él, enfrente de esa gran pared se contempla una casa que está en Juan López Elizalde, y en la dirección de Ballesteros soló se encuentra un pequeño baldío, pero para dar pie a una hilera de casas, las cuales ya son territorio de Don Tenamaztle, cruce donde Ballesteros termina.
               Ballesteros suele ser muy ruidoso, sobre todo los viernes por la noche y el sábado a partir de las 6 de la tarde, dándole protagonismo a los “tontoneros” y su “perreo” a todo volumen, derrochando clase y glamour, y en sus flamantes motocicletas, luces de neón como si fueran espectaculares andando, pero ni modo, Ballesteros no decidió qué madre lo engendraría ni todo lo que pasaría sobre  él…
               Los días de lluvia son un caos literal. Cascadas caen por su cuerpo, hasta las orillas de mi casa, como una fuente sin fin, arrastran tierra, basura, escombro, entre tantas cosas, dejando como un plus, un olor intolerable, que no se logra esfumar hasta el pasar de 2 ó 3 días.
Irónicamente los días de lluvia, son donde se puede percibir un aroma agradable, aquel que nace de la unión de la tierra y agua, claro que solo se puede olfatear unos minutos antes de la inclemente tormenta.
              Ballesteros y Tenamaztle, sufren de un mismo mal; “Los Julianes”. Estos son unos pequeños infantes, de unos 10 u 11 años y casualmente son hermanos. Gracias a estos chamacos se puede sentir con vida Tenamaztle, Ballesteros y de vez en cuando a Elizalde. Piedras, botellas, o cualquier objeto que este a su alcance, es suficiente para armar una mini guerra entre todos sus amigos, lo malo es que afectan a los habitantes de los territorios de los ya mencionados, entre ellos, a mi.
             Ese es mi camino, aquel que deja ver mi dulce hogar, él es Bernabé Ballesteros…

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El diario

 

ANA KAREM VÁZQUEZ ORELLÁN

 

     Una madrugada como cualquier otra Sedonio, se levantó como ya era costumbre a las 4 am a tomar una taza de café y reflexionar… ¿Su vida? No tenía la menor idea de lo que había ocurrido en su pasado, era víctima del síndrome de alzhéimer; conservaba un diario con sus más sutiles recuerdos: la fecha de su nacimiento, el nombre de sus padres, su soledad, entre otros muchos recuerdos y sucesos de su vida y por supuesto, su profesión, era escritor.

    Esa madrugada, esa en especial abrió su diario para recordar quién era, o al menos quien había sido.  Doblando las hojas del diario leía detenidamente, cuando escucho un quejido – Oye eso duele-  le dijeron. -¿Qué te duele? ¿Quién eres? ¿Sabes quién soy yo?. dijo Sidonio asustado –¡Me duele que me dobles Sidionio!, soy tu diario, mi nombre es Hasim. Y obviamente se todo sobre ti.

     Extrañamente el diario había hablado, para Sidonio no era algo relevante, ya no podía distinguir entre la realidad y la coherencia. Sidonio le dijo –Acaso,  ¿Eres un libro parlanchín?- Riéndose en la oscuridad. –No en realidad, si lo fuera, te hubiese hablado hace muchos años ya. Pero hoy, es una ocasión especial. Hoy es el noventa aniversario de tu nacimiento. Debía felicitarte.

     Sidonio sorprendido por su edad, corrió a un espejo a percatarse de que efectivamente, su piel ya denotaba un ciento de años, o quizá, un poco más. La rigidez de su piel, la canosidad de su poco cabello, y la tristeza de su mirada. –Efectivamente Hasim, creo que ya estoy viejo, ¿Cómo es que jamás me di cuenta? ¿Cómo se me fue el tiempo entre las manos?. Hasim le respondió –No midas la vejez por tu apariencia, mídela por tu mentalidad, en tu caso vuelves a nacer cada día al ir aprendiendo como vivir tu vida.

   -Pero de que me sirve, nacer cada día, si consecuentemente al despertar muero. Eso no es vida. Tu, tu tienes más vida que yo, vives de recuerdos de historias que no son tuyas pero puedes hacerlas a tu manera. Sidonio, en su tristeza dijo al diario Hasim – Cuéntame sobre mí, dime algo que alguna vez me haya hecho sobresalir en la sociedad.

     El diario soltó una carcajada, y le dijo -¿Pero por que a los humanos les gusta sentirse importantes?… Bien te contare una historia especial –En aquellos años de tu juventud, escribiste un libro llamado “El diario”, lo redactaste en poco más de un año. Volviéndome yo tu mejor amigo, tu compañero y tu conciencia.

    Hoy querido amigo solo desperté para decirte que fuiste exitoso, si es lo que deseabas escuchar, y que a pesar del éxito, fuiste olvidado como todos a su vez. Tan olvidado que en estos momentos nadie concebiría creer que un fantasma y un diario mantiene una conversación…

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SOLITARIA”

SHANTALLE HERNÁNDEZ ZAVALA

 

Cruzando a la derecha, veo un pequeño rectángulo alargado y amarillo, a lo alto de un poste hecho de madera con el nombre de Fray Luis de León. Ese letrero indica el nombre de mi calle, una calle solitaria, muy particular porque parece como si estuviera dividida en dos, porque de un lado las casas son grandes y de dos pisos, mientras que del otro son pequeñas y de una planta. Cada casa se identifica por la presencia de colores, formas, materiales con las que se construyeron, los sonidos que emiten y los olores que llaman la atención de la gente cuando pasa (en la tarde cuando paso por las casas, huelen a comida recién hecha, se me antoja tanto, que corro para llegar a la mía). Unas fachadas son blancas, azules, verdes, naranjas, colores que sobresalen y te hacen voltear a verlas. Los inquilinos de las viviendas son callados ¾ hablando de las personas mayores ¾ porque los niños son inquietos, juguetones, gritan, lloran y ríen. El otro día desde mi cuarto escuche : ¾ !Maaaaaaamáá¡ ¾, me dieron ganas de responderle : ¾¿Quééééééé?¾.

            Mi familia, especialmente mi mamá y mi papá son los que conocen a casi todos los vecinos; mis hermanas y yo no les hablamos, porque no tenemos comunicación con ellos. Al menos yo, cuando los veo en la calle o en la tienda de la esquina (a mis vecinos de la derecha y de la izquierda), por lo particular les saludo con un: “Buenos días”, “Buenas tardes”, “Buenas noches”.

            Cuando llueve mi calle es hermosa, se ven y se escuchan  las gotas caer (me encanta ese sonido, me relaja), y desplazarse por el suelo, hasta llegar a un charco e incorporarse a él. Esos días huele a árboles rejuvenecidos y a tierra mojada (el olor más querido por mi nariz), además de que cuando termina de llover, puedes ver un arcoíris, y no parar de verlo, no te cansas, porque lo ves de un extremo a otro, para ver dónde empieza y dónde termina. En las tardes de sol, los pájaros se aparecen en los árboles y algunos hasta con su pareja, se dan un break de tanto vuelo y empiezan a cantar con su pequeño pico, los rayos del sol que entran por la cochera es fuerte, alumbra bastante, se sienten cálidos. Y cuando está nublado, pareciera que tenemos cortinas gruesas y oscuras en las ventanas, porque se siente fría y solitaria.

            Del lado derecho de la calle tú puedes ver un inmenso árbol, lo bastante grande, para darse cuenta que nunca se caería; he crecido con él y sigue siendo igual, la misma altura y el mismo color desde que era niña.

             En las noches salen las personas a platicar, principalmente los novios, a conversar de lo sucedido en el día, cuando uno no estaba cerca del otro. Los carros pasan con los buffers prendidos y retumban en las paredes, me agradaría quitárselos, porque es molesto, cuando trato de concentrarme, no puedo hacerlo, por el ruido.

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Óscar Moreno, 2012

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Ana Karem, 2012

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